Como fabricantes de artículos religiosos, entre nuestros clientes una de las preguntas más repetidas cuando se habla de la fe es: si Dios es misericordioso y puede perdonar directamente, ¿por qué los católicos se confiesan con un sacerdote y no directamente con Dios?
Para entender la respuesta no podemos quedarnos con las normas o tradiciones, si no que hay que entrar en la lógica profunda del cristianismo y en un sistema de fe que vive a través de gestos, palabras y encuentros con nuestro interior.
Dios puede perdonar directamente
Lo primero que hay que aclarar es que la Iglesia católica no enseña que Dios no pueda perdonar directamente. Al contrario. Dios es libre, misericordioso y no está limitado por ningún sacramento y, cuando una persona se dirige a Dios con sinceridad y arrepentimiento, esa oración siempre es escuchada.
Entonces, si Dios puede perdonar sin intermediarios, la pregunta que muchos cristianos se hacen es por qué quiso regalar a la Iglesia un sacramento concreto para el perdón de los pecados.
El cristianismo no es una fe solo interior
Desde sus orígenes, el cristianismo se ha entendido como una fe encarnada en la que Dios no se limita a actuar en el interior de la conciencia, sino que se comunica a través de palabras y personas concretas. La encarnación de Jesús es la expresión más clara de esta lógica: Dios salva estando cerca de la gente.
Los sacramentos nacen de esta misma forma, por lo que no sustituyen la relación personal con Dios, sino que la hacen visible, concreta y comunitaria.

Las palabras de Jesús a los apóstoles
El origen de la confesión con un sacerdote está en el Evangelio. Tras su resurrección, Jesús se presenta ante los apóstoles y les dice: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados», lo que significa que Jesús confía a sus apóstoles la misión relacionada con el perdón de los pecados.
La Iglesia ha entendido siempre que esta misión no termina con los apóstoles, sino que se ha prolonga en el tiempo hasta llegar a los sacerdotes. A día de hoy, mediante el sacramento del orden, los sacerdotes participan de esa misión y, por eso, cuando un sacerdote absuelve, no lo hace en nombre propio, sino como instrumento de Cristo y de la Iglesia.
El sacerdote no sustituye a Dios
Una de las objeciones más frecuentes que hacen algunos creyentes es pensar que el sacerdote se interpone entre la persona y Dios y, en realidad, el sentido es justo el contrario.
El sacerdote no actúa como dueño del perdón, ni como juez que decide quién merece ser absuelto si no que actúa en nombre de Cristo, haciendo visible un perdón que siempre tiene su origen en Dios.
Esto explica por qué la eficacia del sacramento no depende de la santidad personal del sacerdote, ya que el perdón no es suyo; es de Dios.
Decir el pecado en voz alta tiene valor
El ser humano no se cura solo con pensamientos interiores. Para que sea realmente efectivo necesita nombrar lo que le pesa, reconocerlo con palabras y escuchar una respuesta clara y siempre teniendo claro que confesar los pecados en voz alta no es una humillación. Confesar en voz alta es un acto de verdad que rompe nuestro aislamiento interior y permite afrontar nuestros errores sin maquillarlos.
También hay que tener en cuenta que, en la visión cristiana, el pecado nunca afecta únicamente a la relación individual con Dios, si no que hiere la relación con los demás y con la comunidad creyente. Por eso, la reconciliación no es solo interior. Confesarse con un sacerdote expresa que el perdón de Dios restaura también la comunión con la Iglesia. El sacerdote representa esa comunidad que acoge, acompaña y reintegra.
¿Por qué no basta con pedir perdón directamente a Dios?
Dejemos esto claro: pedir perdón directamente a Dios es siempre necesario y forma parte del camino de conversión. Eso sí, la confesión no elimina ni sustituye esa oración personal y cuando se trata de pecados graves, la Iglesia propone el sacramento como un paso más profundo que nos permite pedir perdón y recibirlo de manera clara y segura.
A lo largo de la historia ha quedado claro que muchas personas se acercan a la confesión con miedo, vergüenza o sensaciones negativas. Sin embargo, cuando este sacramento se vive correctamente, suele convertirse en una de las experiencias más liberadoras de la vida cristiana. Solo hay que tener claro que no es un interrogatorio, sino que los católicos se confiesan con un sacerdote con la misericordia que busca acoger, orientar y absolver.
Un camino para volver a empezar
Confesarse con un sacerdote es el camino que une fe, verdad y reconciliación, y no hay que verlo como una obligación o una barrera que nos separa de Dios.
Entendida así, la confesión no limita la relación directa con Dios, sino que la hace más consciente, humilde y real y es, en definitiva, el sentido profundo por el que los católicos siguen confesándose hoy en día.
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